miércoles, mayo 14, 2008

La moneda.

En el Bar La Luna Menguante se reunen, a saber: hombres en paro con barba de tres o cuatro días, mujeres madres de niños en horario escolar, obreros de la consterucción en la hora del almuerzo, oficinistas y burocratas de rango menor varios, turistas extraviados y viajeros perdidos. Pero tambié, un elfo maligno, una cleopatra de mármol, un mimo triste y un tipo vestido de la muerte misma con su túnica y su guadaña. Pues el Bar La Luna Menguante, se oculta en el callejón que da a la plaza donde ejercen de estatuas humanas personas las cuales también tienen una vida detrás.
Un día entró en el bar un hombre de aspecto misterioso, leasé: gabardina ocre, gafas de sol, sombrero buersalino, mirada alternante hacia ambos lados. Al llegar a la barra, ante la presencia de Aron el dueño mismo del local, y en un susurrante hilo de voz, como si sospechara que alguien hubiera puesto micros implantados en sus propios empastes pidió, por favor, un café, a la vez, que extendía sobre la madera desgastada de la barra una moneda.
Tras servirle el cafe, Aron, cobró el importe con la susodicha moneda y en el tiempo que tardo en girarse para depositarla en la caja registradora aquel tipo ya se había marchado dejando sobre la barra intacto el todavía humeante café. Un comportamiento sospechoso que, sin embargo, el dueño del Bar La Luna Menguante no tardaría en olvidar inmerso en sus quehaceres cotidianos al frente del establecimiento.
Pero los días siguientes, los asistentes al bar fueron menguando tal que el estado de la luna que lucía en la marquesina de la fachada. Sin que apenas nadie se apercibiera de ello cada día hubo menos clientes y se rompian cada vez más vasos y tazas, se resfrió un empleado, se fueron sin pagar varias personas, hubo averías de nevera, llegaron facturas ostensiblemente infladas de gas y electricidad, se devolvió mal el cambio a favor del cliente en un par de ocasiones, se fundieron tres bombillas. Hasta que al tercer día, debido a procesos azarosos o quizá estadísticos salió de la caja donde había permanecido en su espera latente la moneda con que pagó aquel misterioso hombre en forma de cambio al cobro de cuatro cervezas consumidas a cargo del tipo que hacía de Elfo Maligno en el grupo de estatuas humanas de plaza contigua.
Desde ese momento la economía del bar volvió, de a poco, y sin que tampoco apenas nadie lo notara a florecer como antes. Augmentó la clientela, se consumió más, se devolvían bien los cambios, apenas se rompía nada, se dejaba más propina e, incluso, al dueño le tocó un pequeño premio a la lotería. Pues ya no permanecía en su poder esa misteriosa moneda que estaba maldita y quien la tenía en posesión entraba en un proceso de irremediable declive económico que conducía invariablemente a la bancarrota. La única solución posible era deshacerse de aquella moneda mediante alguna transacción económica como, por ejemplo, pagar un café. No podía tirarla a un pozo o colarla por la rendija de un alcantarillado pues entonces la maldición te pertenecía para siempre. No debías tampoco perderla, ni fundirla en unos altos hornos pues sus efectos también perdurarían en ti. Tampoco podías introducirla en ninguna máquina expendedora pues sus diferencias imperceptibles con una moneda normal hacían que esta no fuera aceptada por este tipo de artilugios. Y esa era, en realidad, uno de los signos para distinguirla, que jamás la cogía nunca ninguna máquina expendedora. La única solución pasaba por intercambiar la moneda de tu a tu con otra persona. Y si no se hacía así, terminabas al cabo de un tiempo arruínado pidiendo limosna en alguna acera. Pues muchos de los vagabundos tuvieron en su momento sin saberlo la moneda entre las manos sin alcanzar luego a traspasar la maldición a los demás. Ahora vagan por las calles ignorando el porqué de su desdicha, pidiendo limosna al transehunte con la vaga eperanza de que en una de estas les vuelva la moneda maldita a sus manos y sepan esta vez canjearla de forma correcta y deshacerse así de los efectos de su maldición y puedan rehacer su vida.
El Elfo Maligno aquella tarde, por mucho que se esforzara en deleitar con sus mejores poses a los turistas, no obtuvo apenas gratitud a modo económico. Tal que, al cabo del rato, ya volvía a encontrarse en el bar pagando con las monedas que había ganado por la mañana entre las que se encontraba la susodicha moneda otras dos cervezas más.
La moneda volvía así a la caja del Bar La Luna Menguante para, sin embargo, esta vez salir al poco a manos de un hombre con barba de tres o cuatro días. Al día siguiente ese mismo hombre compraría el periódico con la moneda en cuestión, para que, a su vez, el quiosquero adquiriera con ella una lata de lentejas en el colmado de al lado, donde la moneda saldría de inmediato como vuelta para una señora mayor, la cual al día siguiente la utilizaría en la compra de una bombilla que reemplazara la que esa misma noche se había fundido en el comdor de su casa (la fundición de bombillas sería, al parecer, otro de los signos inequivocos de estar en posesión de la moneda maldita).
Y así fue como el dueño de la tienda donde la señora mayor había comprado la bombilla metió la moneda en uno de esos tubitos de plástico con otras monedas iguales para ingresarlo, al día siguiente, en el banco de la esquina. Allí, entre tantas, se perdió el rastro de la moneda maldita. Y solo cabe decir, que ese banco, al cabo de unos meses, quebraría. Y la moneda volvería a ser introducida en las transacciones cotidianas, con lo que quien sabe si ahora mismo dicha moneda no es albergada en uno de tus bolsillos o está sobre la mesita de noche de tu habitación o se coló por entre los recovecos del sofá.

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viernes, abril 25, 2008

Para arrodillar a un hombre.

Para arrodillar a un hombre hay que aplicar una fuerza vertical desde los hombros lo suficientemente grande o durante el tiempo suficiente para que este hinque la rodilla. Para arrodillar a un hombre no basta una tragedia, un deseo, algo por lo que rezar. Porqué un hombre no se arrodilla ante cualquiera, no sucumbe ante nadie y preferirá morir de pie que vivir arrodillado, incluso, llegado el caso, vivir de pie a morir arrodillado.
A un hombre de verdad no hay religión que lo corrompa, ni Rey lo suficientemente despota o tirano que lo haga claudicar. Y es que un hombre no se arrodillaría ni para pasar por un tunel que condujera a la libertad. Tampoco para recoger el pendiente caído de una falsa dama, ni para robar las fresas del agricultor. Jamás por haber descubierto algun continente nuevo, nunca para suplicar clemencia al verdugo en la pena capital y mucho menos para atarse el cordón de uno de sus zapatos.
Y, ya ves, para arrodillar a un hombre tan solo basta la visión de tu coñito rasurado con tus bragas hondeando a media hasta.

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martes, abril 15, 2008

Delfín Violeta.

Su animal preferido desde esa tarde, su mascota para toda la vida, sería el delfín violeta. A su amparo se había de producir el encuentro furtivo entre Diana y Edmundo. Una pasión prohibida ante las leyes gubernamentales y quizá también ante las propias leyes de la naturaleza. Pero ahora todo daba igual y ahí estaba él esperandola junto a la pilastra indicada con una pequeña bolsa en la mano. Y por ahí venía ella caminando entre las hileras de coches y columnas de ese interminable aparcamiento soterrado. El corazón de Edmundo se desboca por momentos en rejuvenecedores latidos, Diana envejece, lo que a estas edades se llama aun madurar, de a poco, a cada paso que va dando.
Los dos con gafas de sol como suele ser indispensable en este tipo de situaciones. Las de ella aerodinámicas, de cristal espejo de sala de reconocimiento de sospechosos ocultan la mirada aun demasiado pura de sus dos ojos verdes como guisantes mendelianos. Las de Edmundo más ortopédicas y voluminosas difuminan la posible perversión libidinosa con que algun espectador ajeno pudiera confundir esa mirada enamorada.
Pero a pesar de las precauciones no están solos. Una sombra les observa des del asiento trasero de un coche aparcado en la penumbra del fondo del aparcamiento.
Ajena a ello Diana avanza recreandose en el contorneo de sus caderas cruzando diminutos pasos cebra. Va con boina calada a un lado y chaqueta de pana negra, tan elegante que parece mayor de lo que es. Edmundo la observa llegar bajo la letania de la luz de los fluorescentes, inmerso en el nerviosismo de las esperas, repiqueteando en morse con su pie izquierdo la impaciencia contenida de salir a su encuentro. Se quita las gafas y las cuelga del cuello de su camisa verde abierta hasta el tercer botón para darse un aire más desenfadado. Se da cuenta de que aun lleva las yemas de sus dedos algo negruzcas q así con sus pue delatan -como lo harían las huellas dactilares de un asesinato- que se ha tintado el pelo esa misma tarde; en pos de una inalcanzable juventud eterna.
Edmundo, no sonrie, a pesar de sentirse feliz, no lo hace para no añadir arrugas de expresión a sus ya ostensibles arrugas por edad. No sonrie ni cuando Diana llega por fin delante de él mirandole fijamente con una sonrisa en los labios, que solo es correspondida por él con una mueca de apacible serenidad que podría traducirse, eso sí, como sonreir con la mirada. Y se quedan frente a frente sin decirse nada. Pero ella se embriaga con el olor de su aftersave, mientras él aspira fuertemente para respirarla en uno de sus otros preceptos para vivir eternamente: inhalar aire cerca de jovencitas. Más tarde, ya en el piso, continuará con el método aplicando otras técnicas para alcanzar la immortalidad como chupar sus pezones, gatear alrededor de ella en la cama o hacer que le de de comer en la boca haciendo el avión con una cucharita.
Pero eso es insospechable de momento, cuando ella le dice hola, abuelo y Edmundo contesta hola, mi amor. Dandose en la mejilla dos castos besos que contados con exactitud serían cuatro: dos de Diana, húmedos y sonoros, delicuescentes; dos de Edmundo, más secos y silenciosos, conteniendo su efusividad.
Él le da la bolsa que lleva en su mano, sobrellevando con ironía su situación. Para tí, cuidado no te empaches. Esta llena de golosinas. Si lo se te traigo una crema antiarrugas, viejo verde. Y ahora sí él no puede reprimir una sonrisa y se abrazan cómplices de sus circumstancias tan felices como pueden dejarse ser al amparo del Delfín Violeta B-4 pintado en la columna del aparcamiento de unos grandes almacenes.

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lunes, abril 07, 2008

Sucedió ese año.

Ese mismo año se desencadenó una guerra sanguinaria en un país del tercer mundo, se declaró el estado de alerta mundial por una nueva enfermedad de caracter altamente contagioso y mortal, subió otra vez el precio de la barra de pan, hubo un terremoto terrible con cientos de muertos, atentados gravisimos en nuevas oleadas de terrorismo, violencia de género, fraude a nivel gubernamental, corrupción y tráfico de armas, doping, calentamiento global y augmento de la tasa media de afectados por niveles preocupantemente altos de colesterol.
Pero Petra estaba con él. Y el mundo le parecía un lugar maravilloso en el que vivir.

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martes, abril 01, 2008

15 maneras de olvidarte para siempre.

(1) F. recogió todos los vestigios de la existencia de Petra que pudieran quedar aun en el piso. Un botecito de crema exfoliante, rímel de pestañas, cera depilatoria en frio, otro botecito de nosequé con aloe vera. También unas braguitas extraviadas en el fondo del tambor de la lavadora. Dos cartas a su nombre, el libro que ella le regaló y algunas revistas viejas de interiorismo que solía leer. Lo metió todo dentro de una bolsa de basura y lo tiró al contenedor. (2) Desharticuló el calendario de yogures caducados en la nevera que formaban un ácido almanaque de días prescritos sin Petra. Días limón, días piña que envejecían en su ausencia.
(3) Luego, limpió con fuerza todos los espejos para que desapareciera el eco de su imagen en cada cristal. (4) Pintó las paredes de negro para auyentar los fantasmas de ese teatro de sombras chinas que representaban la tragicomedia de alguien mirando la tele en el sofá, levantandose para ir al baño, una silueta de mujer mirando por la montaña, desnudandose o haciendo el amor con otra sombra, rebuscando con una cucharita en el fondo de un yogur de piña.(5) Giró el somier de la cama. Del anverso al reverso y de pies a cabeza como intentando desorientar el molde de su cuerpo en la almohada. (6) También procuró ocultar todos los objetos que pudo que empezaran con la misma letra que su nombre.
(7) Dejó de hablarle en sus pensamientos. O sea, que si imaginaba que se encontraba con ella por la calle, no la saludaba y hacía como que no la conocía aunque todo esto solo sucediera en su imaginación. (8) Luego, intentó dejar de pensar en ella. Dejó de pensar en ella cuando se fundía una bombilla, (9) dejó de pensar en ella cuando se iba el señal del televisor, (10) dejó de pensar en ella cuando se masturbaba, (11) dejó de pensar en ella cuando se oía caer algun cacharro en el montón del escurreplatos,(12) dejó de pensar en ella cuando hacía ¡ping! el microondas.
(13) F. se reclinó en el sofá con la mirada perdida en una esquina del techo y dijo su nombre en voz alta: Petra. Volvió a repetirlo: Petra. Y lo siguió repitiendo una y otra vez: Petra, Petra, Petra, Petra, Petra, Petra, Petra, Petra, Petra, Petra...hasta que la palabra perdiera su sentido, hasta que las sílabas se solaparan y se enrocaran...Petra-petrapetrapetrapetrape trape trape trape trape trape hasta que poco a poco desapareció petra petra ptra pta pt p...
(14) Entonces, F. se incorporó y escribió en un folio el nombre de ella por última vez. Lo arrugó haciendo una bola y le prendió fuego. Y en el exhorcismo de su combustión usó la palma de la mano para componer con señales de humo un poema triste.
(15) Se compró un rascador de espaldas.

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martes, marzo 25, 2008

La luna andaba entre visillos.

La puerta de la habitación de Tyra gimió su óxido agrio justo en el momento en que M. la entreabría lentamente para ver su interior. Lo primero que vió fueron esas fotografías de actrices que había en la pared. Actrices cuyo nexo de unión era: que estaban todas muertas. Eso era quizá porqué Tyra no admiraba realmente a una persona hasta que esta no hubiera fallecido. Porqué trataba las vidas de la gente como cuadros de pintores muertos.
Debajo de esas fotografías se podía ir viendo, al unísono del chirrido sostenido de las visagras de la puerta que M. entreabría con suma cautela, la cama de Tyra, en la que yacía el inherte cuerpo -desnudo- de la propia Tyra. Su desnudez era total, hasta el punto que el único signo de recatamiento que podía apreciarse eran esos ojos cerrados, como dormida, como muerta.
En las estanterías que estaban sobre la cama había flores, pero estaban disecadas, había libros, pero también eran todos de escritores muertos. La luna andaba entre visillos a través de la ventana y su tenue luz hacía resplandecer la pálida desnudez del cuerpo de Tyra que las paredes negras hacían refulgir más aun si cabe. Sus piernas estiradas, sus brazos rectos pegados al torso en posición decubito supino, como si estuviera encapida en un ataud, amortajada en su quietud serena.
M. resiguió con la mirada el sinoidal perfil del cuerpo de Tyra desde los pies hasta la cabeza. Y mientras se acercaba a ella pudo observar como sobre el cabezal de la cama colgaba de la pared una gran lápida de mármol en la que estaba esculpido el nombre completo de Tyra, bajo éste su fecha de nacimiento seguida de un guión y después del guión -escrito con tremulosa mano a rotulador- la fecha del día de hoy.
Es entonces cuando M. se dio cuenta del bote de sopníferos vacío que había sobre la mesita de noche junto a un rotulador abierto. Y al borde de la cama sujetó con dos dedos la muñeca izquierda de Tyra y le tomó el pulso justo por encima de su reloj de pulsera. Luego, asiendola de esa misma muñeca levantó su antebrazo suavemente hasta la altura de un palmo y lo soltó. Éste cayó a plomo sobre el somier.
Y, sin embargo, no puede estar muerta. Nadie está muerto del todo mientras su reloj de pulsera siga en funcionamiento marcando cada instante anudado en su muñeca.
M. situa la mano sobre el corazón de ella para auscultar su corazón. No puede estar muerta. Nadie está muerto todavía -al menos no oficialmente- hasta que se haya tramitado el pertinente certificado de defunción. M. cierra los ojos. Nadie puede estar muerto hasta que no muere la última de las larvas que se alimentan del festín de su cuerpo.
Entonces, la mano de M. se desliza -bajo el tenue palio de luz de luna que entra por la ventana- des del corazón hasta el pecho de Tyra. Rozando su oscuro pezón. Resbalando suavemente hasta la raiz de su seno. Porque nadie está muerto definitivamente hasta que no vacían la ropa de sus armarios, hasta que no se traspapele el marcapáginas del libro que estaba leyendo.
M. cierne su cuerpo sobre el de ella y con la otra mano acaricia su otro pecho idéntico. Nadie está muerto todavía hasta que no deja de recibir cartas -aunque sean del banco- en su buzón. Acerca su rostro al de ella y besa sus inmóbiles labios. Nadie estará muerto aun mientras esté todavía viva alguna de las personas a las que besó. Le acaricia su suave pelo. Nadie está muerto del todo mientras aun le siga creciendo el cabello y las uñas.
M. se desabrocha el cierre del pantalon y con su pene erecto la penetra. Nadie está muerto aun mientras albergue algo de calor en su interior. Empuja repetidamente sobre el cuerpo de Tyra. Nadie estará muerto de forma total y definitiva hasta que no desaparezca la cultura a la que perteneció. La posee desenfrenadamente. Hasta que no se extinga la especie a la que perteneció. Le hace el amor necrofílicamente. Hasta que no explote el planeta en que vivió. La fornica con locura y frenesí. Hasta que no se desvanezca el universo en que todo esto aconteció.
Y entonces, se incorpora y se desahoga encima de su vientre. Y justo en ese preciso instante ella abre los ojos y dice: mañana lo hacemos al revés.

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El lector.

Este es el relato de una persona que lee un texto donde está escrita la historia de una persona que está leyendo un texto en el que se narra como una persona lee un texto en que aparece una persona leyendo sobre una persona que lee que una persona está leyendo que una persona lee que te está leyendo a ti, lector.

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lunes, marzo 24, 2008

El grafógrafo.

Escribo. Escribo que escribo. Mentalmente me veo escribir que escribo y también puedo verme ver que escribo. Me recuerdo escribiendo ya y también viéndome que escribía. Y me veo recordando que me veo escribir y me recuerdo viéndome recordar que escribía y escribo viéndome escribir que recuerdo haberme visto escribir que me veía escribir que recordaba haberme visto escribir que escribía y que escribía que escribo que escribía. También puedo imaginarme escribiendo que ya había escrito que me imaginaría escribiendo que había escrito que me imaginaba escribiendo que me veo escribir que escribo.

(Salvador Elizondo)

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jueves, marzo 20, 2008

En la sala de espera del dentista.

Las aspas del ventilador de techo de la sala de espera del dentista empiezan a dar vueltas a la misma velocidad imperceptible que la saeta que marca las horas. La respiración de la máquina dispensadora de agua deja suspendidas sus burbujas en un magma translúcido encallado en la clepsidra del tiempo. Los presentes se vuelven estatuas humanas inmóviles en la inercia de su espera. Sus miradas entornadas como girasoles ciegos se han extraviado en un punto intermedio entre el infinito y sus retinas quedando absortas en la nada. En sus manos, durmientes estrellas de mar coreografían el ritual de silencio de sus interpérritos ademanes. El hombre con traje remangando su muñeca derecha para consultar la hora en su reloj de pulsera, la mujer de los zapatos rojos sujetando un bostezo con la palma de su mano, el tipo con barba de tres días hojeando un periódico, un niño señalando con el dedo índice el horizonte del paisaje pintado en un cuadro colgado en la pared, mientras su madre estira levemente su otra mano para que se esté quieto. Todos inmoviles en sus poses.
Los corazones de estas gentes detenidos en sus diastoles quedan crionizados en un segundo impar y rojo. El paso de página del periódico del hombre que lleva barba de tres días reproduce el crepitar de un fuego ceniciento. Detrás del horizonte del paisaje pintado en el cuadro que señala el niño con su dedo indice hay otro horizonte...y detras de ese otro horizonte hay otro...y detrás de ese otro hay otro más...y así indefinidamente. El bostezo de la mujer de zapatos rojos es una esfera de oxígeno sólido en la garganta que hace palanca en sus mandíbulas. Ese mismo bostezo es una A arremolinada en el paladar. Ese bostezo es, a la vez, una burbuja de sueño que le anestesia el rostro. Como un susurro intenso que nace en el oído interno y vibra por toda la cara hasta desencadenar inexorablemente la mecánica de un bostezo (que algunas veces -quizas esta sea una de ellas- pueda contagiarse telepáticamente como un virus). La hora que mira el señor con sombrero en el reloj de su muñeca derecha ya no existe. Se perdió infinitesimalmente en los albores del tiempo.
El fluorescente del techo vomita su luz mansamente a través del aire hasta quedar reducida a un confeti de purpurea brillantina indeleble que ducha las cabezas de los presentes. Entonces, en el reloj de pared que hay sobre estas se oxidan las saetas y se fosiliza el tiempo hasta quedar convertido en arqueología. La fecha de caducidad del extintor se torna un epitáfio, los chicles que hay debajo de las sillas se vuelven vestigios de una cultura extinta, las revistas que hay sobre la mesa del centro datan del día del Big-Bang. A la madre del niño que señala horizontes habría que hacerle la prueba del carbono 14 para saber cuanto hace de su última sonrisa. El bostezo de la mujer de zapatos rojos puede que se haya contagiado telepáticamente desencadenando a nivel mundial una pandémia de bostezos.
La relíquia fossil en que ha quedado convertido el reloj de pared sostiene indefinidamente un mismo momento, mo-men-to. Encallado en un tic bemol que se refugia en el eco de un dedal. Quieto en un mísero tiempo de Planck.
Y la eternidad se acerca para acariciar a todos suavemente con los caracoles de sus dedos.

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martes, marzo 04, 2008

Memorandum (Mamushka nemotécnica).

Acuerdate de acordarte de recordar el acuerdo acordado en memoria del recuerdo de la conmemoración de la remembranza para rememorar recordarse de acordarte de recordarlo. Y que no se te olvide.

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martes, febrero 19, 2008

La Conspiración del universo en pleno conchabado contra uno mismo.

Hacía semanas que la observaba tomarse el desayuno en la misma mesa de la misma cafetería a la misma hora. Sin embargo, hoy había hecho acopio de valor y tenía un plan: la invitaría a ir al cine. Pero para invitarla a ir al cine primero debía saber como se llamaba, por lo que para saber como se llamaba antes tendría que preguntarselo y antes de preguntarselo tendría que –por educación- al menos decir hola. Para decir hola debería vervalizarlo mediante el aparato fónico habitual y para poder verbalizar hola mediante el aparato fónico habitual debería antes abrir la boca, para esto requería previamente tensionar los músculos que mueven la mandíbula y antes de eso hacer que la orden de tensionarlos viajara des del cerebro hasta la sinapsis correspondiente mediante la neurona perceptiva y antes ejecutar la orden previa y antes concebir esa misma orden y antes de concebir esa orden que ejecutara la orden previa que viajara des del cerebro hasta la sinapsis pertinente mediante la neurona perceptiva para ejecutar los musculos que mueven la mandíbula para abrir la boca, antes de todo eso, debía estar ahí.
Para llegar ahí debería previamente recorrer el espacio correspondiente a las dos mesas de distancia que les separaban. Pero antes de eso inevitablemente tendría que hacer primero el camino que había hasta la altura de la mesa intermedia a la cual no podía acceder sinó era recorriendo antes la mitad del camino que había hasta ahí correspondiente a aproximadamente un metro de longitud, con lo que se hacía patente que para recorrer ese metro de distancia antes deberia recorrer el predecesor medio metro y antes de este los primeros veinticinco centimetros del recorrido consistentes en -más o menos- el equivalente al primer paso. Llegado a este punto se ponía de manifiesto que antes de poder ejecutar ese primer paso tendría que llevar a cabo invariablemente el primer medio paso y antes de este el primer medio medio paso y en cualquier caso antes debería avanzar la mitad de la distancia y antes la mitad de esa y antes la mitad de la mitad de la mitad de cualquier mitad con lo que no tardó mucho en encontrarse pendiente de recorrer los primeros nanómetros cuando ella ya se había levantado y acababa de salir de la cafetería sin que él se hubiera movido absolutamente nada de su posición inicial donde aun permanecía mientras empezaba a maldecir y maldecir a Zenon de Elea y sus malditas paradojas irresolubles.

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lunes, febrero 11, 2008

Código Deontológico del Asesino en Serie.

Cuando una pistola separa dos personas lo preferible es estar del lado de la empuñadura pensaba mientras se acercaba sigilosamente por detrás hacia su veintioctava víctima. Pero, como el valor que se requiere para apretar el gatillo se presupone en todo caso siempre inferior al miedo a recibir un disparo, esto le convertía automáticamente en un cobarde. Y, sin embargo, él jamás mató a nadie por la espalda. Antes de disparar dejaría que su víctima tuviera tiempo de girarse para ver de frente quien iba a sesgar su vida para siempre.
El asesino en serie más buscado de la década descubrió el concepto de muerte a la temprana edad de siete años. Aquel día sus padres no le despertaron para ir al colegio como solía ser habitual. Al levantarse se dirigió hacía la habitación de ellos que estaba al fondo del pasillo junto a la cocina. De ahí aun emanaba un ya tenue olor a gas que se había quedado impregnado en el papel de las paredes. Entró en la habitación donde dormían sus padres y esperó largo rato junto a su cama sin atreverse a despertarlos.
Al entrar en el cuarto de su veintenovena víctima el asesino en serie más buscado de la década se percató de que esta aun seguía durmiendo. Él jamás había matado a nadie que estuviera dormido por lo que se acercó silenciosamente hasta la almohada y simuló el zumbido del vuelo de un mosquito cerca del oido de su víctima. Cuando esta abrió los ojos tuvo tiempo de mirarle y saber así quien estaba a punto de apagar la luz de su existencia. Y fue entones, con el cadaver de su veintinovena víctima sobre la cama y mientras realizaba su macrabo ritual de darle un beso en la frente y susurrarle tiernamente al oido buenas noches cuando vió moverse sobre su rostro sin vida una hormiga.
La mañana en que murieron sus padres el que llegaría a ser el asesino en serie más buscado de la década almorzaba tranquilamente como si nada hubiera ocurrido. Con los cadáveres dormidos de sus padres en la habitación de al lado, desde la mesa de la cocina donde había quedado inoculado ese maldito olor a gas y mientras se tomaba un vaso de leche fría con galletas quedó fijada su atención en el frenético ir y venir de unas hormiguitas. Se movían frenéticamente mientras fruncian sus antenitas unas con otras formando una hilera sobre la encimera hasta el tarro de azucar. Entonces, posó la punta de su dedo índice sobre una de las hormigas y al retirarlo pudo observarla desposeída de repente de su frenesí. Una a una fue aplastando hormigas con tan solo la yema de su mortífero dedo índice deleitandose en los pequeños cuerpecitos de insectos dormidos que quedaban inhertes sobre el frio mármol de la encimera.
El asesino en serie más buscado de la decada dejó de matar tras su veintinovena víctima.
Desde la ventana de un séptimo piso en el centro de la ciudad el que fuera el asesino en serie más buscado de la década observa los transeuntes caminar por las aceras de abajo. Desde ahí arriba le parecen hormiguitas a sus ojos, nada más que insectos que juega a aplastar oprimiendo su dedo contra el vidrio de la ventana. Mientras lleva cabo esa inocua catarsis una mosca ha quedado atrapada en el cristal. Y es entonces cuando, en vez de aplastarla con un periódico enrrollado, como haríamos usted y yo o cualquiera, él preferirá abrir la ventana y dejarla volar libre hacia la calle. Jamás volvería a matar ningun ser vivo. O sea: jamás volvería a matar. Y es que puede qye haya una ética diferencial entre matar una hormiga y matar una mosca. Y entre matar una mosca y matar un hamster. Y bien pudiera ser que fuera distinto matar un hamster que matar una vaca y que haya una diferencia ostensible entre matar una vaca y matar un mono. Finalmente, es provable que no sea lo mismo matar un mono que matar un ser humano y, por tanto, la suma de todas esas diferencias será igual a la diferencia ética entre matar una hormiga y matar un ser humano.

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jueves, febrero 07, 2008

Cuidado, rabos de perro sin domesticar.

Ahora anda muy con cuidado a la hora de detectar la falsa felicidad cotidiana e, incluso, a elaborado un catálogo de alertas ante los falsos signos de felicidad artificial. Por ejemplo, hay que vigilar con las exageraciones banales no se pille a uno mismo diciendo "ah, hoy es el mejor día de mi vida" a las 9:30 de la mañana. También habrá que tener especial precaución con el uso del refranero popular que esdeviene otro claro factor de riesgo sobretodo en expresiones de marcado caracter optimista como No hay mal que por bien no venga, Al mal tiempo buena cara o, incluso, Lo bueno si breve dos veces bueno.
En esta linea, se ha de prestar especial atención a la correcta percepción de la realidad circumdante por lo que una ausencia no debería ser vivida como una nostalgia, un rechazo como una oportunidad o que una perdida llegara a constituir en el imaginarium propio como una enseñanza del tortuoso destino. En esta linea, el cielo azul de un radiante día de Primavera no es la quintaesencia de la belleza terrenal, sinó más bien el simple cromatismo de refracción de la luz a través de las moléculas del aire. Así mismo, exaltar la belleza de las flores, aun rodeado de tulipanes y azucenas, es un claro signo de romanticismo caduco, sinó incluso de debilidad mental.
En cualquier caso, se tiene que huir del tópico hipócrita de la felicidad por el mero hecho de estar vivo y habrá que ir con cuidado de no tararear continuamente canciones melodiosas equivalentes a no querer/ poder/ saber enfrentarse al hilo del propio pensamiento o, incluso, a querer substituir el temible mundo adyacente por una más asumible realidad tarareada.
Por eso, unos ojos serán siempre unos ojos, no la explicación del misterio del ser humano a través de la boveda celestial reflejada en una mirada. Así mismo, la poesía será el arte de alejarse de los sentidos a través de la palabra. La literatura, la huída cobarde y vil a través de lo intelectual del mundanal acto cotidiano de no estar haciendo nada.
Por contra, la absoluta indiferencia ante la letanía de incesantes muertes, desgracias y tragedias renovadas de cada telediario será más bien atribuíble a un puro mecanismo de defensa ante la realidad que a manifiestas tendencias psicóticas ante el dolor ajeno.
Pero, en todo caso, habrá que estar especialmente alerta al posible acto de no afrontar la muerte del único modo posible: temiendola. Cualquier aceptación, enfrentamiento, incomprensión, rebeldía u omisión del hecho irremediable de tener que morirse algún día no será sinó signo inequívoco de estar intentando implantar una felicidad artificial y engañosa en nuestra vida.
Por lo demás, una vez hallada la consecución de tal estado vital, él sabe que no queda más remedio que aprovecharlo. Pues cree haber llegado a la conclusión de que toda felicidad es artificial y engañosa, que no hay más realidad que la percibida, ni más mundo que el que uno consigue crear.

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miércoles, enero 23, 2008

Monólogo.

Que miras? No eres más que un viejo. Nos conocemos de algo? Ya se, es el típico reto. No vas a apartar la mirada hasta que no lo haga yo. Eres patético. No sabes que tengo pupilas de eclipse. La última persona que intentó aguantarme la mirada quedó ciega y ahora para mirar el rostro de alguien debe manosearle toda la cara. Te lo advierto, de seguir así deberías utilizar alguna protección. Gafas ultravioleta o mejor una máscara de soldador. No te lo crees? De acuerdo, subamos la apuesta: el primero que pestañee pierde. Tal y como dice el fotografo cuando vas a hacerte fotos carnet: No pestañees. A partir de...YA: {Ahora tienes que mantener los ojos bien abiertos. Y no pensar en todos esos bichitos que nadan en tu retina. Si, esos que puedes ver en días muy soleados si alzas la vista al cielo. No pienses lo enfadados que estan cuando se resecan. Notas ya como muerden tus ojos con sus diminutas mandibulas de microorganismos que solo existen en tu imaginación? Solo pararán cuando los ungas con la caricia humectante de tus párpados. Hazlo y dejarán de morderte. Hazlo. Hazlo. Hazlo…} Mierda! Perdí. Ya no podía más. Vale, yo pierdo, tu ganas. Aunque quien sabe, igual al mismo tiempo en que yo he pestañeado, en el mismo exacto momento lo has hecho tu. No puedo saberlo. Un pestañeo ajeno es una de las pocas cosas que puedes perderte si pestañeas. Junto a la lengua de un camaleón atrapando una mosca. O sea, que podrías ser que cada vez que yo pestañeo tu parpadees o viceversa porqué además nunca tuve muy clara la diferencia entre pestañear y parpadear. Total, que tendriamos que haber jugado a algo más trascendental. Por ejemplo, a no respirar. Así, si jugamos bien el que pierde se muere. O el que se muere gana porque deja de respirar para siempre. No se, mejor no arriesguemos. No te odio tanto como tu piensas. Ah, tampoco me crees ahora? Si quieres lo juro. O mejor, juremos los dos. Levanta la mano derecha. He dicho la derecha, idiota. La que usas para coger la cuchara. No serás zurdo? Bueno, da igual, juremos como juraban los romanos, con la mano en los huevos. Repite en silencio conmigo: juro (ojalá fuera día de tormenta, los relampagos combinan muy bien con los juramentos) juro que nunca más volveré a dejarte solo. Porqué creo que empiezo a saber de que te conozco. Me recuerdas tanto a mi cuando era viejo... Y ahora ya no se quien está del otro lado. Toquemonos. Tan solo con la yema del dedo índice y no sabremos donde empieza uno y termina el otro. Como hermanos siameses unidos por el dedo indice. Observa, puedo crearte con la punta de mi dedo. O quizá soy yo quien es creado por ti. Acércate. Tan cerca que empañemos con nuestra respiración el cristal. Ahora, la única forma de saber la verdad:
dadrev aL
Las letras salen del revés. Soy yo el que está atrapado al otro lado del espejo.

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viernes, enero 18, 2008

Instrucciones para abrir el paquete de jabón Sunlight.

(trabajo realizado por Manuel Mandeb por encargo de la agencia de publicidad Vivencia)

1)Busque la flecha indicadora.
2)Presione con el dedo pulgar hasta que el cartón del envase ceda.
3)Disimule. Soy un joven escritor que no tiene otra ocasión que ésta de conectarse con las muchedumbres. Usted finja que sigue abriendo este estúpido paquete y yo le diré algunas verdades.
4)Los vendedores de elixir nos convidan todos los días a olvidar las penas y mantener jubiloso el ánimo. El Pensamiento Oficial del Mundo ha decidido que una persona alegre es preferible a una triste.
5)La medicina aconseja cosmovisiones optimistas por creerlas más saludables. Al parecer, la verdad perjudica la función hepática.
6)Viene gente. Siga la línea de puntos en la dirección indicada por la fecha.
7)Escuche bien porque tenemos poco tiempo: la tristeza es la única actitud posible que los compradores de este jabón pueden adoptar ante un universo que no se les acomoda. Toda alegría no es más que un olvido momentáneo de la tragedia esencial de la vida. Puede uno reírse del cuento de los supositorios, pero éste es apenas un descanso en el camino. Uno juega, retoza y refiere historias picarescas, solamente para no recordar que ha de morirse. Ese es el sentido original de la palabra diversión: apartar, desviar, llamar la atención hacia una cosa que no es la principal.
8)Conversar acerca de estos asuntos es considerado de la peor educación. Los comerciantes se escandalizan, las personas optimistas huyen despavoridas, los maximalistas declaran que la angustia ante la muerte es un entretenimiento burgués y los escritores comprometidos gritan que la preocupación metafísica es literatura de evasión. Al respecto, mientras le recomiendo que no deje el paquete de jabón al alcance de los niños, le juro que todo lo que se escribe es de evasión, menos la metafísica: las noticias políticas, los libros de sociología, los horarios del ferrocarril, los estudios sobre las reservas de petróleo, no hacen más que apartarnos del tema central, que es la muerte.
9)Calcule 100 gr de jabón por cada kilo de ropa sucia.
10)Cuanto más inteligente, profunda y sensible es una persona, más probabilidades tiene de cruzarse con la tristeza. Por eso, las exhortaciones a la alegría suelen proponer la interrupción del pensamiento: “es mejor no pensar...” Casi todos los aparatos y artificios que el hombre ha inventado para producir alegría suspenden toda reflexión: la pirotecnia, la música bailable, las cantinas de la Boca, el metegol, los concursos de televisión, las kermeses, etc.
11)Separe la ropa blanca de la ropa de color. Y entienda que la tristeza tiene más fuerza que la alegría: un hombre recibe dos noticias, una buena y una mala. Supongamos que ha acertado en la quiniela y que ha muerto su hermana. Si el hombre no es un canalla, prevalecerá la tristeza. El premio no lo consolará de la desgracia. Byron decía que el recuerdo de una dicha pasada es triste, mientras que el recuerdo de un pesar sigue siendo pesaroso.
12)No mezcle este jabón con otros productos y no haga caso de los sofistas risueños. Tarde o temprano alguien le dirá: “si un problema tiene solución, no vale la pena preocuparse. Y si no la tiene, ¿qué se gana con la preocupación?”. Confunde esta gente las arduas cuestiones de la vida con las palabras cruzadas. La soledad, la angustia, el desencuentro, el desengaño y la injusticia no son problemas sino tragedias, y no es que uno se preocupe sino que se desespera. Lloraba Solón la muerte de su hijo. Un amigo se le acerca y le dice: -¿Por qué lloras, si sabes que es inútil? -Por eso –contesto Solón – porque sé que es inútil.
13)No está mal ser triste, señora. El que se entristece se humilla, se rebaja, abandona el orgullo. Quien está triste se ensimisma, piensa. La tristeza es hija y madre de la meditación. Participe del concurso “Vacaciones Sunlight” enviando este cupón por correo.
14)Ahora que se fue el jabonero, aprovecharé para confesarle que suelo elegir a mis amigos entre la gente triste. Y no vaya a creer el ama de casa Sunlight que nuestras reuniones consisten en charlas lacrimógenas. Nada de eso: concurrimos a bailongos atorrantes, amanecemos en lugares desconocidos, cantamos canciones puercas, nos enamoramos de mujeres desvergonzadas que revolean el escote y hacemos sonar los timbres de las casas para luego darnos a la fuga. Los muchachos tristes nos reímos mucho, le aseguro. Pero eso sí: a veces, mientras corremos entre carcajadas, perseguidos por las victimas de nuestras ingeniosas bromas, necesitamos ver un gesto sombrío y fraternal en el amigo que marcha a nuestro lado. Es el gesto que significa “atención, muchachos, que no me he olvidado de nada”.

NOTA: Las instrucciones para abrir el paquete de jabón Sunlight fueron rechazadas.

Alejandro Dolina

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martes, enero 15, 2008

Las líneas de la mano

De una carta tirada sobre la mesa sale una línea que corre por la plancha de pino y baja por una pata. Basta mirar bien para descubrir que la línea continúa por el piso de parqué, remonta el muro, enrta en una lámina que reproduce un cuadro de Boucher, dibuja la espalda de una mujer reclinada en un diván y por fin escapa de la habitación por el techo y desciende en la cadena del pararrayos hasta la calle. Ahí es difícil seguirla a causa del tránsito, pero con atención se la verá subir por la rueda del autobús estacionado en la esquina y que lleva al puerto. Allí baja por la media de nilón cristal de la pasajera más rubia, entra en el territorio hostil de las aduanas, rampa y repta y zigzaguea hasta el muelle mayor y allí (pero es difícil verla, sólo las ratas la siguen para trepar a bordo) sube al barco de turbinas sonoras, corre por las planchas de la cubierta de primera clase, salva con dificultad la escotilla mayor y en una cabina, sonde un hombre triste bebe coñac y escucha la sirena de partida, remonta por la costura del pantalón, por el chaleco de punto, se desliza hasta el codo y con un último esfuerzo se guarece en la palma de la mano derecha, que en ese instante empieza a cerrarse sobre la culata de una pistola.

(Cortazar)

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miércoles, diciembre 12, 2007

Prospecto para una cita a ciegas.

Procuró no llevar flores por si ella fuera alérgica al polen, a eccepción, claro está, de la inevitable flor en la solapa. En todo caso,prefirió que esta fuera de plástico porqué, a parte de evitar sintomatologías con posibles alergias, también podría evitar que, en el caso de que la espera se alargue ostensiblemente, la flor puediera marchitarse en su solapa.
Y, sin embargo, él sabe que la mejor opción entre las tres posibles para llegar a una cita ciegas es hacerlo antes. La puntualidad exacta no conviene por meticulosa y antinatural, llegar tarde es arriesgarse a no saber nunca si la otra persona se presentó, llegar antes asegura controlar lo sucedido, también el tiempo y la ubicuidad espacial, o, dicho de otra forma un tanto más ostentosa: el continuum espacio temporal.
Entonces, lo primero que hizo nada más cruzar el umbral de la puerta de entrada de la cafetería donde habían acordado la cita a ciegas fue dirigirse hacia una mesa en el fondo de la sala a través de un recorrido directo desde la entrada. La hayó asiendo los respaldos de las sillas y guiandose con su pie haciendo tope en las patas de las mismas, con alguna dificultad añadida como topar fortuitamente con alguno de los presentes pidiendo perdón en ese caso. Cuando llegó al fondo del local palpó la pared y se sentó -no sin antes cercionarse que lo hacía en una silla vacía- de espaldas a la propia pared y de cara a la puerta de entrada, que, en caso de duda es el lugar por donde entra la corriente de aire y en el que se oye abrir y cerrar la puerta además del tilín de esas campanitas admonitorias.
Llegados a este punto, levantó un brazo como si quisiera parar un taxi en un día de lluvia y esperó con el brazo levantado a oir una voz dirigiendose a él en terminos de ¿que desea?. Encargó un café y, luego, muy educadamente, le pidió al camarero que hiciera el favor de dirigirla hacia él si aparecía una mujer en la puerta con un pañuelo verde anudado en la garganta y los ojos cerrados.



Ella llegó un cuarto de hora antes de lo que habían acordado. Al entrar llevó a cabo el ritual pactado para la cita a ciegas consistente en entrar con los ojos cerrados y no abrirlos hasta que llegara el otro. Pero, en parte debido a sus zapatos de tacón, en parte a su vaga inteligencia visoespacial tropezó contra una silla, perdió el equilibrió y se precipitó a los brazos del camarero que pasaba por ahí. Al abrir los ojos quedó hechizada y ya no pudo apartar la mirada de ese camarero gentil que la había salvado.
Cúpido dispara sus flechas a ciegas con los ojos vendados. La diosa justicia también lleva una venda en la cara para no ver de que lado se decanta la balanza de lo que está bien y de lo que está mal. Ella sonrie.
Un cuarto de hora después ya había intercambiado teléfonos con el camarero y sentada en la barra tomandose un té apenás se acordaba de porqué había venido a ese lugar cuando lo vió aparecer al son de las campanillas de la puerta de entrada. Un tipo bajito y rechoncho, algo calvo, se presentó en la puerta con una flor en la solapa y los ojos cerrados. Ella dudó, como duda el verdugo ante su víctima un segundo antes de ejecutarla, y salto del tamburete en dirección a la puerta, aun con la serenidad suficiente de girar su cabeza y hacer el típico gesto de llámame dirigido al camarero a pesar de que eso provocara que su hombro chocara levemente con el hombro del señor bajito y rechoncho, algo calvo, con el que había quedado. Paradójicamente, él le pidió perdón y ella, procurando aguantar la risa, y sin contestarle desapareció rapidamente por la puerta de entrada que aún estaba entreabierta para, al son de unas campanitas que esta vez tocaron a muertos, no volver a verle nunca más.

lunes, diciembre 10, 2007

Sabiduría de sobrecito de azucar de un café.

De todos los sorbos de todos los cafés de todas las mesas de todos los bares de todas las ciudades de todo el mundo ese fue el más amargo. De toda su vida.
Sin embargo, algunas cosas como el café, la cerveza y algunas tristezas disponen de la posibilidad de ser amargas como una de sus virtudes. Y a ella, en realidad, le gustaba el café bien amargo.

lunes, noviembre 26, 2007

El afable Sr. Brandel.

En todos y cada uno de los días de su vida lo primero que hace el Sr. Brandel, nada más levantarse por la mañana, es ocuparse de regar y cuidar su hermoso jardín.
Hoy, como cualquier día, luego de haber podado un poco las hortensias y de haber dejado preparado el desayuno a su mujer, saldrá a la calle con su sempiterna sonrisa y su habitual gabardina marrón. Al cruzarse con alguno de sus vecinos -mirandoles fijamente a los ojos- les espetará la mejor de sus muecas de alegría y no escatimará en buenosdías, hastaluegos, quealegrías y demás salutaciones varias mientras se dirige a la cafetería "Arco Iris" donde desayuna y lee el periodico cada mañana.
Al entrar en la cafetería "Arco Iris" saludará a la Sta. Anabel, la camarera, que le devuelve el saludo con un guiño de ojo desde detrás de la barra mientras de dispone a preparar, sin que haga falta que se lo pidan, el café con leche que desde hace años el Sr. Brandel toma junto con dos tostadas con mantequilla y mermelada de frambuesa en la mesa del fondo junto a la ventana. El Sr. Brandel, de repente, también hace un guiño de ojo, aun a pesar de que la Sta. Anabel ya no puede verlo pues está de espaldas a él haciendo uso de la cafetera.
Mientras desayuna el Sr. Brandel aprovecha para leer el periodico. Pasa las paginas, una a una, con marcado desden hasta llegar finalmente a la contraportada. Entonces, introduce una mano en el bolsillo de su gabardina marrón y saca unas tijeras de podar. Mira a su alrededor y depués de unos instantes empieza a recortar los cupones correspondientes a una vajilla de porcelana que guarda celosamente para regalar a su mujer.
Camino de vuelta a casa, lo detienen una pareja de enamorados que le piden si puede sacarles una fotografía junto a una hermosa fuente de aguas que brollan harmoniosas y tinteneantes. Ofrendandoles una generosa sonrisa acompañada además de otro guiño de ojo accede amablemente a hacerles dicha fotografía. Alabando la buena estética de los fotografiados y excusandose en una cierta prisa se despedirá diligente con varios adioses y un ufano y fastuoso quelesvayabien.
Se presentará en casa con un ramo de hortensias. Su mujer está distraída frente al televisor. Él, sin dejar en ningún momento de sonreir, la saluda cariñosamente: hola, querida. Te he traído una sorpresa.
Entonces, ella entornará su cabeza hacia él y al verle ahí de pie con el ramo de hortensias en la mano izquierda, la otra mano en el bolsillo de la gabardina y guiñandole el ojo repetidamente le corresponderá y mientras se acerca a él con fines libidinosos aparece un duro bulto por debajo de la tela de su gabardina marrón.

El afable Sr. Brandel (versión omnisciente).

En todos y cada uno de los días de su vida lo primero que hace el Sr. Brandel, nada más levantarse por la mañana, es ocuparse de regar y cuidar su hermoso jardín debajo del cual hay enterrados varios cadaveres.
Hoy, como cualquier día, luego de haber podado un poco las hortensias y de haber dejado preparado el desayuno a su mujer, saldrá a la calle con su sempiterna sonrisa y su habitual gabardina marrón en la que hoy esconde en uno de sus bolsillos unas macabras tijeras de podar. Al cruzarse con alguno de sus vecinos -mirandoles fijamente a los ojos desde una ira profunda arraigada en un odio visceral hacia todos y cada uno de ellos- les espetará de forma hipócrita la mejor de sus muecas de alegría y no escatimará en buenosdías, hastaluegos, quealegrías y demás salutaciones varias mientras se dirige a la cafetería "Arco Iris" donde desayuna y lee el periodico cada mañana.
Al entrar en la cafetería "Arco Iris" saludará a la Sta. Anabel, la camarera, que le devuelve el saludo con un guiño de ojo desde detrás de la barra mientras de dispone a preparar, sin que haga falta que se lo pidan, el café con leche que desde hace años el Sr. Brandel toma junto con dos tostadas con mantequilla y mermelada de frambuesa en la mesa del fondo junto a la ventana. Pero hoy él no quería pedir eso, quería pedirle a Anabel que le preparara otra cosa -cualquier otra cosa- no quería resultar tan rutinario y previsible delante de esa mujer a la que, a pesar de su nariz aguileña y su aliento carajillero, ansiaba violar salvajemente y luego deshollar toda la piel de su cuerpo con un pelapatatas. Toda esa eccitación-odio interno desencadena en la aparición de un tic nervioso que le hace guiñar un ojo, aunque ella no pueda verlo ya que está de espaldas a él haciendo uso de la cafetera.
Mientras desayuna el Sr. Brandel aprovecha para leer el periodico. Pasa las paginas, una a una, prestando especial atención a los titulares sobre guerras, asesinatos, secuestros, estafas y demás comportamientos humanos que le van corroyendo por dentro aunque el intente aparentar un fingido desdén hasta llegar finalmente a la contraportada. Entonces, introduce una mano en el bolsillo de su gabardina marrón y saca las tijeras de podar con intención de sacarse los ojos de las orbitas de cuajo para no poder leer nunca más. Mira a su alrededor y ve a alguna de las personas que forman parte de esa humanidad atroz que el tanto odia. Piensa que antes de sacarse los ojos debería -al menos- clavarle sus justicieras tijeras de podar en medio del esternon al mayor número posible de clientes de la cafetería "Arco iris". Después de unos instantes se sobrepone y empieza a recortar los cupones correspondientes a una vajilla de porcelana que guarda celosamente para regalar a su mujer con el fin de algun día poder estampársela en la cabeza.
Camino de vuelta a casa, lo detienen una pareja de enamorados que le piden si puede sacarles una fotografía junto a una hermosa fuente en cuyas aguas que brollan harmoniosas y tinteneantes desearía ahogar a ambos. Sin embargo,ofrendandoles una generosa sonrisa acompañada además de otro guiño de ojo debido al tic nervioso que ahora le sobrecoge cada vez que desea la muerte de alguien accede amablemente a hacerles dicha fotografía. No obstante y como sorda catarsis a sus ansias de degollarles brutalmente con sus sanguinolientas tijeras de podar deliberadamente enfocará para que en la fotografía aparezcan con las cabezas cortadas, por lo que, alabando la buena estética de los fotografiados y excusandose en una cierta prisa, se despedirá diligente con varios adioses y un ufano y fastuoso quelesvayabien.
Se presentará en casa con un ramo de hortensias recién talladas de encima mismo de la insospechada tumba de su última esposa. Su mujer, a la que tanto odia desde hace años y a la que no pasa un segundo de su vida sin desear clavarle una estaca en el corazón, está distraída frente al televisor. Él, sin dejar en ningún momento de sonreir, porque ya no puede borrar esa estúpida sonrisa de su cara, la saluda cariñosamente: hola, querida. Te he traído una sorpresa.
Entonces, ella entornará su cabeza hacia él y al verle ahí de pie con el ramo de hortensias en la mano izquierda, la otra mano en el bolsillo de la gabardina y guiñandole el ojo repetidamente le corresponderá y mientras se acerca a él con fines libidinosos aparece como un duro bulto por debajo de la tela de su gabardina marrón las sedientas tijeras de podar que el aferra con fuerza dispuesto a utilizarlas.

martes, noviembre 06, 2007

La vida de Sckrojjchmpf Durkkelman.

Al día siguiente de nacer S. Durkkelman empezaba un largo puente de cinco días con lo que su padre, Zacarias Durkkelman, nada más tener noticias del feliz alumbramiento se dirigió, raudo y veloz, hacia las oficinas del registro civil, que cerraban al mediodía, porqué no podía soportar la idea de que su hijo pasara los primeros días de su vida sin-tener-un-nombre-puesto. Debido a los nervios del nacimiento de su primogénito hacía casi veinticuatro horas que no comía nada, por lo que, aun a pesar de ir muy justo de tiempo, pasó por la cafetería del hospital y se llevó el último bocadillo que quedaba en el expositor, uno de mortadela, para comérselo más tarde en cuanto tuviera un momento.
Cuando llegó a la oficina del registro civil se encontró con una pequeña cola en la ventanilla en la que, debido a la impaciencia y el hambre, el tiempo parecía casi detenerse, a la vez que, paradojas de la vida, acuciaba veloz hacia la hora del cierre des del reloj de pared hortera que suele presidir este tipo de oficinas. Así que, atentando contra cualquier protocolo de comportamiento en colas de organismos gubernamentales y contra su propio decoro personal, sacó el bocadillo de mortadela del bolsillo de su chaqueta y empezó a dar buena cuenta de él. De este modo, fue avanzando la cola mientras él -a hurtadillas- iba aliviando el hambre a grandes mordiscos con tan mala suerte que le tocó su turno en el mismo instante que se llevó a la boca el último y más grande bocado de pan con mortadela.
Incapaz de tragar ese enorme trozo de bocata y sorprendido por una falsa dignidad que le impedía ponerse a masticar delante de la ventanilla de tamaña institución del estado, empezó a entregar los documentos pertinentes y permaneció impávido hasta que el funcionario le preguntó: ¿nombre del recién nacido?

Sckrojjchmpf Durkkelman, nunca supo muy bien porqué, adoraba los bocadillos de mortadela, hasta el punto que, desde su más tierna infancia, si le preguntabas te podía asegurar que esa era su comida favorita.
Durante su juventud tuvo varias novias, aunque ninguna podría haber puesto sin faltar a la verdad que poseía don de gentes y buena presencia en un currículum estándar. Ya en esa época obtuvo los más grandes honores universitarios de su vida al ser reconocido, tras una votación a puerta cerrada en la que hubieran podido influir motivaciones sarcásticas, como ayudante de bedel del mes de Marzo. Le encantaban los documentales sobre animales, sobretodo los que se inmiscuían en la vida secreta de las colonias de insectos. Anhelaba con gran fruición convertirse en abeja zángana en su próxima reencarnación. Le gustaba mucho leer hasta el punto que cuando cruzaba por delante de un mendigo, tenía que volver a pasar tantas veces como hiciera falta leyendo de refilón -tal como se leen los carteles de los pobres- hasta poder concluir la lectura. También le gustaba mucho escuchar música por su auriculares debidamente camuflados durante un tiempo detrás de una incipiente melena, unas frondosas patillas y, a veces, incluso, un jersey de cuello alto para asistir a entierros, bodas o reuniones de vecinos en las que pudiese verse atrapado en el rellano de la escalera. Sin embargo, todavía tenía que descubrir cual sería su canción favorita.

El día que conoció a Remilda Voings, justo cuando esta entraba por la puerta de la lavandería y en el preciso instante en que él empezó a descubrir que la ropa de colores vivos no debe mezclarse con la ropa blanca a elevadas temperaturas, sonaba por el hilo musical el "Himno nacional de Hungría". Y fue entonces, mientras ella sonreía coqueta al ver la ropa íntima de Sckrojjchmpf tornada en un elegantísimo rosa amapola, que él supo que esa era la mujer de su vida y, por ende, el "Himno nacional de Hungría" sería desde ese instante su canción favorita.
Al día siguiente quedarían para ir al cine. Llegaron tarde y la única película que empezaba a esa hora era "Suspiros de caracol", un presunto remake de un film en blanco y negro sobre la vida de unas nadadoras de natación sincronizada.
A pesar de ser un bodrio intragable, esta sería para Sckrochjjmpf su película favorita durante el resto de su vida.
Siguieron años felices en los que se casó con Remilda Voings después de un largo noviazgo y una liposucción abdominal para que esta cupiera en el vestido nupcial usado por su bisabuela.
Realizó varios trabajos temporales, uno de ellos tan efímeramente eventual que duró apenas quince minutos al negarse a ponerse pajarita alegando motivos ético-religiosos, hasta que, al fin, pudo hacer realidad su sueño de ser actor; si bien, el personaje que interpretó era el cadáver de un tipo muerto por peste tifoidea en una fosa común y, para más inri, en una de las secuencias se le escapa un estornudo. También le gustaría mucho viajar, viajó a lo largo y ancho del mundo, también a lo hondo, ya que se cayó en un pozo y tardaron tres días en rescatarlo. Otra de sus peculiaridades era que le gustaba sentarse en el sentido contrario a la marcha cuando iba en trenes y autobuses. Su color favorito era el naranja; y sin embargo, le gustaba el verde para las paredes, el beige para vestir y el azul para los ojos de las personas amadas.
Prefería el invierno al verano, ir a la montaña antes que a la playa y en la interminable dicotomía entre los altramuces y los pistachos se decantaba tímidamente del lado de los pistachos.

Ahora, Sckrochjjmpf Durkkelman no recuerda que su comida favorita es el bocadillo de mortadela, que su canción favorita es el "Himno nacional de Hungría", ni que su película favorita es "Suspiros de caracol", ese bodrio intragable. Desde hace unos años padece alzheimer y no recuerda que es Sckrochjjmpf Durkkelman. Sin embargo, cuando Remilda Voings, que no se aleja ningún día de su lado, lo llama por su nombre: Sckrochjjmpf. Él, a veces, entorna su cabeza emocionado esperando ver aparecer al propio Sckrochjjmpf del cual posee algún recuerdo y que, a pesar de no acordarse de que es él mismo, piensa que es un tipo que le cae bastante bien.

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martes, octubre 23, 2007

Protección anti-terremotos.

Tenía en la repisa interior de la ventana una albahaca. Una planta que, además de sus intrínsecas propiedades botánicas y estéticas, poseía la facultad, segun rezaba la sabiduría popular, de repeler los mosquitos. A él le gustaba pensar que también le protegía de los terremotos, auyentaba los rayos en días de tormenta y le resguardaba de las desgracias de la vida en general. Pero no fue así.
Eran las siete de la tarde de un martes cualquiera y llevaba aun el pijama puesto. Había calentado una tortilla de patatas precocinada en el microondas y ahora jugueteaba a trincharla en pedacitos mientras se enfriaba, poco a poco, sin apenas haberla probado. Pincha un pedacito con el tenedor, lo mira con desdén y se lo ofrece de comer a la albahaca ¿Quieres?
Ahora le gustaría poder alimentarse como una planta, irrigandose a través de raices que absorvieran la humedad y haciendo la fotosíntesis con la poca luz que entra a través del resquicio que dejan los rieles de las persianas cerradas, otrora abiertas hasta arriba y con las cortinas corridas de par en par.
Tira los restos de comida al cubo de la basura orgánica. También él debería ser arrojado al container de residuos orgánicos y que lo reciclaran en algo útil como abono para campos. Quizá sea eso, quizá debería ofrecerse él mismo como comida para plantas , ofrendarse a su albahaca para que pudiera alimentarse directamente de él completando así algun inexorable ciclo de la naturaleza.
Se muerde un poquito de piel muerta del contorno de las uñas y lo introduce dentro del tiesto de la albahaca. Ahora, ha probado la carne humana y se volverá una planta carnivora devora-hombres. Ahora has probado la carne humana y te volverás una planta carnivora devora-hombres. Le habla en susurros, despacio como si le dictara un texto para que pueda seguirle.
Se acuerda de haber leído en algun sitio que a las plantas la música les afecta sus ciclo vital; o sea, que, tal vez, de alguna forma remota pueden oirte, o sea que tal vez de alguna forma puedes oirme, quien sabe si entenderte, quien sabe si entenderme.
Así de este modo, en vez de escribir un diario, en vez de hablarlo con alguien cercano o pedir hora para el psicologo, en vez de cualquier otra forma de desahogo, empezó a contarle todo lo sucedido a su albahaca anti-mosquitos. Al final acabó llorando y regó aquel día la planta con sus propias lágrimas naturales.
A los pocos días la albahaca moriría.

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miércoles, octubre 17, 2007

Pasos a seguir para despertarse con buen pie.

Paso A: Cruce el umbral de los sueños esta vez al revés de regreso hacia el mundo real. Hágalo con delicadeza, sin soñar en saltos bruscos al vacio o muertes violentas que lo despierten de sopetón. Ejecute un plan de fuga asiendo suavemente el pomo de alguna habitación en la que cual transcurra alguno de sus sueños, ábrala lentamente, dejese cegar por la luz que emana del otro lado, cruce el umbral de la puerta en dirección al mundo de los vivos.

Paso A (bis): Si su sueño acontece en un descampado o espacio abierto donde no haya puertas con que volver al mundo real, lleve a cabo el siguiente ritual: junte los pies, flexione las rodillas, tome impulso y salte lo más arriba que pueda en dirección vertical extendiendo la mano como para intentar tocar: el Sol, la Luna, un avión que pasa por ahí surcando el cielo o la manzana que cuelga de la rama de un arbol si ud. está soñando que todavía es un niño (a lo mejor porqué todavía lo es. Aunque eso no debe preocuparte mucho; ya dejarás de serlo).

En el momento en que alcance ese objetivo inalcanzable su cerebro se dará cuenta de que es provable que esté ud. soñando ya que en la realidad los anhelos inaccesibles no suelen alcanzarse. Eso hará que su mente logre cruzar mediante el raciocinio el umbral de los sueños y, de esta forma estará empezando a despertar correctamente. Si no funciona prube lo contrario, intente cabar un tunel bajo sus pies para intentar salir por el otro lado del mundo.

Paso A': Si lo que ocurre es que ud. no sabe soñar o no controla sus sueños podrá usar en ese caso el vil recurso del despertador. Eso le convertirá en un ser esclavizado bajo el yugo de la tecnología y del tiempo. Para intentar disimular la decadencia en la que se verá sumido no estará de más que el sonido del despertador pueda ser una canción tirolesa o, mejor aun, el canto de un gallo.ç

Paso A'(2): En caso de que no sepa soñar, no controle sus sueños, no tenga despertador, pero duerma acompañado, no lo dude, hagase despertar.

Para estos menesteres tenga en cuenta que siempre será mejor que a uno lo despierten con un beso y un susurro que con el habitual grito más codazo en el costelar.

Paso B: Partiendo del suposito de que ud. duerme solo o lo hace con alguien a quien odia profundamente en este Paso para conseguir despertarse correctamente será absolutamente esencial que se tire un (preferiblemente) estruendoso, (recomendablemente) retumbante e (inevitablemente) maloliente pedo. Este oxigenara su interior de gases viciados durante la noche, purificará sus entrañas y, si posee ud. la suficiente empatía, le hará entrar en conciencia del mundo circumdante, osease, la cama en que despierta y quien puede haber más allá de las paredes de la habitación.

Paso C: Recordarse. Antes de abrir los ojos será conveniente recordar quien es ud. o de quien se trata. Este recuerdo, usualmente, suele sobrevenir sin más al cabo de un segundo después de tomar conciencia de la realidad. Sin embargo, en algunas ocasiones o en determinados sujetos, será necesario hacer un poco de memoria antes de poder acordarse de quien es uno mismo. Para facilitar el acceso a la propia identidad intente recordar su nombre, si no lo consigue, repase el abecedario en orden alfabético descendente intentando componer nombres que empiecen por cada una de las letras. Si esto no funciona, de momento, pálpese la entrepiera para saber, en todo caso, más o menos, si ud. es hombre o mujer. O toque su cara para poder ver como lo haría un ciego sus propios rasgos faciales. Pero en ningún caso debe abrir los ojos sin haber recordado antes quien es ud. o podría olvidarlo para siempre.

Si la amnesia prosigue intente recordar, al menos, su pelicula favorita, su canción preferida o su obra de arte predilecta. Si resulta no tener pelicula, canción o obra de arte que le definan como ser humano pruebe, al menos, a evocar su mayor virtud y su peor defecto. Para definir sus sentimientos intent acordarse de la persona que más quiere y de la que más odia; aunque si resulta ser la misma persona esto los confundirá aun más.

Si a pesar de todo no consigue recordar quien es. Como último recurso intente pensar que tipo de persona le hubiera gustado ser y abra los ojos. Quizá con un poco de suerte consiga serlo.

Paso D: Abrir los ojos. Hágalo como se abre una persiana por la mañana, como se abre una nuez. Ábralos como se abren unas piernas para ser folladas, como se abren las entrañas de un pez. Ábra sus ojos como se abre una bebida de cola, como si se abrieran las puertas de un centro comercial el primer día de rebajas. Ábra los ojos cada mañana como se abren los libros, igual como abre el subsuelo de la tierra un terremoto. Ábralos así.

Paso E: Desperecese, quitese las legañas, rasquese, másturbese o haga el amor si procede. Intente recordar su último sueño para poder contarlo como anecdota en un aperitivo o poder interpretarlo guiado por su psicoterapeuta. Haga planes de lo que debería hacer hoy. Piense que este podría ser el último día de su vida. O, si este pensamiento le produce ansiedad, mejor piense que este podría ser el primer día de su vida.

Entonces, salte de la cama con decisión. Aunque antes debería asegurarse de que no se trata de la litera de arriba de una cama doble. Con lo que podría muy bien ser que ud. estuviera en la carcel o tuviera muy corta edad y estuvieras durmiendo aun en la misma habitación que tu hermano/a o, en todo caso, que el piso que vives es muy pequeño. De todas formas, si ese es el caso baje con precaución. Pero, sea cual sea su cama, la de arriba o la de abajo, doble o indibidual, blandita o dura; aunque sea la cama de la suit principal de un hotel de lujo o una cama de cartón dentro del cajero de una sucursal bancaria, tanto si durmes bajo las estrellas como si surcas el cosmos des del camarote de una nave espacial, aunque se trate de la cama hecha de clavos de un faquir o el relleno de colchón sea de plumas de ave fénix, sin importar que sea una cama de hospital de la sección de maternidad donde nacen los niños o la del pabellón de enfermos terminales del mismo hospital donde la gente va a morir. Da igual. Cuando te levantes, hazlo siempre con el pie izquierdo, apoyando la planta de ese pie en el suelo en primer lugar, tentando al destino, achuchando a la vida, sin miedo a nada de lo que pueda pasar después de haber conseguido despertarte otro día más.

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martes, octubre 02, 2007

El ataque de los escritores zoombie mosquito en vela.

Solía amanecer tras el periodo trasnochable antidiluviano de una noche en duermevela con las pantorrillas llenas de picaduras de mosquitos. O sea, escritores reencarnados en insectos punzantes. Era la auténtica musa de la metempsicosis literaria entomológica.
Sus sueños, por un proceso químico inexplicable, desprendía feromonas (sobretodo cuando tenía ese sueño recurrente en que aparecía rodeada de focas monje en celo) y esto hacía que los escritores reencarnados en mosquito acudieran en ordas fasciculadas a su llamada olfativa atraídos por la química de las historias que se velan en sueños. Su vocación de escritor muerto les hacía entrar en un frenesí de lujuria y antropofagia en que intentaban comersela viva succionando toda la sangre de su cuerpo para saciar sus ansias literarias. La penetraban milimétricamente a través de sus poros y era casi como follarsela a nivel casi microscópico. Los escritores mosquito relamían sus agujones fálicos, rebañaban con fruición sus antenitas sanguinolientas y se atiborraban hasta empalagarse de aquel fluído repleto de esas substancias químicas con que se fabrican los sueños.
Luego todo quedaba en calma. Los escritores zoombie mosquito exhaustos tras su bacanal onirico-antropofagico-literata. Y sobre la tersura de la piel de sus piernas una constelación de picaduras de insecto cuyos puntos podían ser unidos con un boli de tal manera que formaban palabras.
Los escritores mosquito resurrectos habían escrito de esta forma sobre su piel. Sin embargo, en contrapartida, habían quedado inoculados -sin saberlo- por el virus H3ZQ de la desdicha. Y ahora con la primera luz del alba, partían dispersandose en todas direcciones para contagiarlo por doquier.

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lunes, septiembre 24, 2007

Encuentros con el Sr. Brünning II.

En un auditorio musical al fondo de la sala flanqueado a su derecha por un extintor y a su izquierda por la puerta de los lavabos enfundado en un traje de pàna marrón con la vista perdida, quizá no en el infinito pero seguro si en alguna galaxia lejana, maldiciendo a soto voce en alguna lengua muerta sin conexión aparente con la realidad circundante en medio de una clase musical gratuíta que le había tocado en el anverso de la etiqueta de un paquete de supositorios esmerandose en la ardua tarea de aprender a tocar un acordeón encontré al Sr. Brünning. El único ser humano que he conocido capaz de articular, sin intención previa, un grácil instrumento de viento hasta conseguir convertirlo en un instrumento de percusión.

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viernes, septiembre 14, 2007

Encuentros con el Sr. Brünning.

La última vez que ví al Sr. Brünning era miercoles. Yo venía de desplumar pollos (por hooby), actividad que me dejaban ejercer gratuítamente, es decir, sin que me pagaran nada y a la vez, sin ser yo tampoco remunerado en la carnicería La Oveja Chillona. El Sr. Brüning permanecía sentado en un banco desde hacía horas, según él, esperando a que se desplome un satélite, según otras fuentes (algunos vecinos fisgones) pegado al banco ya que se había sentado esa mañana poco rato después de que le aplicaran una mano de barniz (al banco) y ahora no podía levantarse.
Incapaz de admitir un error propio, permanecería ahí hasta bien entrada la noche cuando no hubiera nadie que pudiera verle desgarrando la tela trasera del pantalón para poder huír.

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lunes, julio 30, 2007

Sobre estatuas equestres.

Entre todos los homenajes póstumos que una persona puede recibir, el más solemne y emblemático provablemente sea la estatua equestre. Poder pasar a la posteridad a lomos de un caballo encumbra una magnificiencia sin igual. Si bien es bueno saber que en la liturgia de las estatuas equestres segun la posición del equino la muerte del jinete fue una o otra:

Si el caballo aparece con todas sus patas sobre el suelo el personaje al que se le ha eregido la estatua en cuestión murió de muerte natural.
Si, por contra, las dos patas delanteras del caballo aparecen levantadas eso indicaría que el conmemorado murió en el campo de batalla.
Pero si solo permanece en alto una de las dos patas delanteras vendrá a decirnos que la muerte le llegó en el lecho pero debida a heridas recibidas en combate. Si es la derecha es que la muerte le llegó plácidamente mientras dormía, si se trata de la izquierda murió con gran sufrimiento al caerse de la cama y romperse la crisma.
Una pata trasera del caballo levantada significará que la persona murió mientras meaba.
Así mismo, si el caballo es representado con una prominente erección esto indicará que el homenajeado falleció mientras hacía el amor con alguna de sus numerosas concubinas, si bien es cierto que también puede interpretarse que lo mató una serpiente pitón.
Un caballo con las orejas gachas significará inequivocamente que el personaje en cuestión ha muerto al pisar una piel de plátano tirada en el suelo.
El caballo haciendo el pino sobre sus dos patas delanteras con la crin erizada al viento, los ojos desorbitados en sus cuencas, los agujeros de las narices dilatados y los dientes rechinantes en una mueca de locura y de rabia será indicador de que el jinete murió mientras cabalgaba al ser arrojado al suelo por su propio caballo.
Por su parte, una cola de caballo erguida podrá indicar valentía y honor en la hora de la muerte. Aunque también que el caballo y su amo mantenían frequentemente relaciones íntimas.

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viernes, junio 29, 2007

Humor inteligente: Chistes sobre Física Cuántica.

¿En que se parece un anti-átomo de oxígeno, un anti-protón de hidrógeno y un Principio de Incertidumbre de Heissenberg?
El anti-átomo de hidrógeno y el anti-protón de oxígeno en Nada. Y el Principio de Incertidumbre de Heissenberg es para despistar.



Se encuentran por la calle Edwin Schördinger y Max Planck. El primero lleva toda la cara llena de rasguños por lo que Planck le pregunta que le ha sucedido. Schrödinger, muy nervioso, le dice que ha estado mezclando isótopos radiactivos con gaseosa dentro de una pecera y está estalló provocandole las heridas en el rostro. Pero Planck, perspicaz como él es, sabe que el comportamiento de los isótopos en fluídos gaseosos no debe alterar su estabilidad molecular, con lo que la historia tiene que ser falsa. Al increpar a Schördinger este admite que ha mentido y, más nervioso aun, cuenta que lo que en realidad sucedió fue que juntó un rastrillo a una particula llamada Tachión que tiene entre sus cualidades el llegar a su destido antes siquiera de haber salido del punto de partida, que por eso al intentar recoger el rastrillo este ya había sido recogido y fue entonces cuando se arañó en la cara con sus puas. Pero Planck niega la posibilidad de la hipotética existencia del Tachión y, es más, ni siquiera está seguro de que Schödinger tenga rastrillo. Y así se lo hace saber al propio Schödinger.
A lo que este, perdiendo la compostura responde: ¡¡¡QUE PASA, EL GATO ES MIO Y ME LO FOLLO CUANDO QUIERO!!!

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domingo, junio 24, 2007

La Dinastía Ping.

Los Ping fue la Dinastía precursora en el uso del timbre en el manillar de bicicleta sustituyendo a la hasta entonces clásica bocina y mejorando así ostensiblemente la acústica de las calles. También se debe otorgar como mérito propio de la Dinastía Ping el haber implantado con exito el timbre de repción de hotel y gracias a su generalización paulatina haber hecho caer en deshuso los anacrónicos gongs y con ello derrocar a la antigua Dinastía Gong que regía hasta entonces el Imperio de forma tiránica amedrentando a la población con infames resonancias, vibraciones y amenazas con el mazo.
Anteriormente a eso los enfrentamientos entre la Dinastía Ping y la Dinastía Gong se habían prolongado durante decadas. Los Gong sustentaban su poder económico en el dominio de la ruta del cobre mientras que los Ping inventarón y promocionaron el uso del muelle e hicieron grandes fortunas comerciando con camas de muelles y boligrafos con punta retráctil.
Pero su confrontación ideológica principal radicaba en sus creencias sobre las onomatopeyas. Así, los fervientes seguidores de la Dinastía Gong creían en un Ser Supremo llamado Katapum que manifestaba su ira hacia la humanidad en forma de rayos y truenos y que solo podía ser apaciguado benerando esos sonidos usualmente monosilábicos immutables e imperecederos que ellos consideraban sagrados llamados onomatopeyas.
Los Ping, por contra, defendían que la onomatopeya era en sí misma una creación del hombre sustentada en el lenguaje y que, por tanto, era imperfecta, efímera y suceptible a modificación. Si bien no sabían explicar porqué el graznido de un pato no producía eco.
En todo caso, la Dinastía Ping fue la que acabó imperando y reinó largamente gracias a su celeridad en las recepciones de hoteles y oficinas gubernamentales, así como a la creación del Gran Carril Bici que recorría toda la frontera del Imperio.
Su esplendor llegó con la popularización del novedoso juego de mesa llamado así mismo Ping-Pong en honor al Emperador Ping y a su hermano siamés Pong fallecido nada más nacer en una operación a vida o muerte para intentar separarlo del dedo meñique de Ping.
El Ping-Pong fomentaba el deporte indoor en oposición al tennis que predominaba en otras culturas más allá de los dominios del Imperio y, gracias al ventajoso tamaño de las mesas de Ping-Pong se pudo practicar en espacios reducidos abandonando de esta forma la dependencia de los grandes latifundios rurales. Se potenció así el crecimiento de grandes urbes y la aparición de una acaudalada nueva burguesía.
Pero quizá ese fue el principio del fin que más tarde traería consigo las grandes hambrunas que, aun a pesar de conseguir ser mitigadas en parte gracias a la aparición del microondas y con él el dominio incontestable sobre los alimentos precongelados, eso no haría más que retrasar la hecatombe de una Dinastía en claro declive.
Su decadencía final llegaría, sin embargo, por una revelión interna desencadenada por la predominancia del ring en los timbres de las puertas de las casas de algunos campesinos y junto a ello la proliferación indiscriminada del uso de la mirilla.

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sábado, junio 16, 2007

Ritual frente al mar bajo la luz de la luna llena.

Hay que situarse frente al mar en noche de luna llena e ir totalmente desnudo, eccepto, el calzado. Entonces, descalzarse y escupir, sin agacharse, sobre el pie izquierdo -simbolo corporal de la desdicha- en señal de protesta por lo de las veces de la mala suerte. Luego, hacer como que te agarras la cabeza con dos manos y la arrancas del cuello o, a elegir, la desenroscas y suavemente -pero con sumo odio contenido- la depositas sobre la orilla, allí donde baten las olas. Acto seguido y cogiendo impulso le das tremenda patada a tu cabeza imaginaria depositada sobre las rebabas del mar en dirección a la linea del horizonte procurando que salpique agua para mayor efecto melodramático.
Llevado a cabo este paso lo siguiente que se deberá hacer es rascar el codo izquierdo con la mano derecha y, al unisono, con la mano izquierda hacer lo mismo con el codo derecho demostrando así una vez más que las soluciones sencillas suelen ser las mejores y que rascar el codo propio de la mano con que se intenta rascarlo no estaría excempto de grave dificultad. Esto a la vez que se entra en la fase de exaltación del uso de la pinza en el ser humano a raíz de la evolución del dedo gordo o pulgar llevado a cabo con la típica coreografía del baile del cangrejo. Consistente en mover las manos como pinzas de cangrejo con los brazos por encima de la cabeza mientras se camina de lado de aquí para allá. De esta forma nos confundiremos con la naturaleza de la que jamás tuvimos que diferenciarnos tanto. Este efecto de camuflaje se puede potenciar cubriendo nuestra cabeza com algas.
Ahora pronunciaremos, bajo la luz de la luna llena y encomandandonos a los espiritus del aire, de la noche y del mar las palabras mágicas: Por favor.
Y es así como el ritual para que se nos curen las almorranas habrá concluído.

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martes, junio 12, 2007

Obsesiones:

René
quería conocer a todas las personas del mundo. Esa era tarea ardua, ya que había miles de millones de seres humanos dispersos en todas direcciones sobre la faz del planeta que -además- se morían a cientos de miles la hora y, a la vez, nacían a más o menos la misma velocidad.
Peró René no defallecía en su empeño, tal era su obsesión y lo veías desplazarse por las calles a ritmo frenético presentandose exhaustivamente a todo aquel que entraba en su radio de acción y pidiendo que a la vez cada uno se identificara para pasar rápidamente a conocer a la siguiente persona y así sucesivamente.

Rodel
siempre decía y hacía lo contrario de lo que pensaba y sentía por lo que mantener una conversación con él resultaba exasperante. Sobretodo para él. Ya que sus opiniones y sentimientos eran los diatralmente opuestos a su pensamiento verdadero, con lo que sus amigos, en realidad, eran sus enemigos, la mujer con la que se había casado era la que más odiaba, con la que menos afinidad tenía, además de vestir predominantemente del color que menos le gustaba, de votar al partido contrario al que le parecía mejor y pedía siempre en los bares refrescos sabor limón en vez de pedirlos de sabor naranja que era como a él realmente le gustaban.
Así que llevaba una vida totalmente contraría a la que le hubiera gustado llevar y, aun a pesar de eso, el trabajo que hacía le gustaba bastante, tenía algun vecino que le caía bien y la canción que estaba sonando en este momento por la radio le parecía maravillosa. Quizá, porque hay algunas cosas en la vida que, a pesar de que formen parte inevitable de esta, no las hayas podido elegir.

Jing-Yang-Bao-Wei-Ping-Cheng
era una persona distinta cada día de la semana y el domingo descansaba. Es por eso que tenía seis nombres, Jing-Yang-Bao-Wei-Ping-Cheng, además de tener siete pares de calcetines con un día de la semana bordado en cada uno. De esta forma, en Lunes, cuando se ponía el par de calcetines que llevaba bordada la palabra Lunes, era Jing y su personalidad, memoria, defectos y virtudes, así como su comportamiento y expectativas de futuro correspondían a Jing y solamente a él. Para luego en Martes pasar a ser Yang y así sucesivamente desde Bao hasta Cheng, del Miercoles al Sábado. El Domingo descansaba y ya no quería ser nadie con lo que no tenía nombre y no le importaba nada.
A veces, realmente la gente no sabía muy bien si era un hombre con seis nombres o cada uno de aquellos nombres pertenecía a una persona diferente. Eso sí, cuando era Jueves y se llamaba Ping, si estaba solo en casa y sonaba el microondas se giraba y preguntaba ¿Que quieres?

Safar
hacía las cosas del revés. Ya de pequeñito era el único de su clase que sabía hacer el pino. Luego fue creciendo y seguía haciendo todo al revés. Si leía un libro empezaba siempre por el final e iba avanzando por el relato retrocediendo a través de las páginas hasta acabar por el principio de la historia que, si el libro era lo suficientemente bueno, era tan inesperado como el final. Si escribía lo hacía de izquierda a derecha de abajo a arriba.
También se ponía la ropa con las costuras y las etiquetas por fuera. A la hora de dormir se despertaba y cuando era la hora de despertar se dormía.
Cuando ligaba con alguna chica lo primero que hacía era follarsela, después le tocaba una teta, entonces la besaba y luego la iba conociendo un poco hasta que finalmente le preguntaba su nombre.
Tal era su obsesión por hacer las cosas al revés que cuando nació en realidad había muerto y cuando finalmente murió empezó a vivir.

Cristofer
se levantaba por la mañana y no tenía más objetivo que perseguir su propia sombra. Esto sucedía hasta las doce del mediodía, hora en que su obsesión de alcanzar su sombra mutaba (presumiblemente porqué había conseguido atraparla) y, entonces, se dedicaba a intentar huír desesperadamente de ella. Y esto era así hasta el anochecer.

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jueves, mayo 31, 2007

Emulsiones pedestres para Manoli.

La piedra Manoli ha tenido una vida muy dura.
Ella soñaba con ser una almohada blanda y confortable en la que las personas descansaban sus preocupadas cabezas y encontraban reposo, consultaban sus dudas, resguardaban sus secretos y soñaban los sueños más bonitos.
Pero Manoli no llegó a ser más que una piedra en el camino a la que la gente esquivaba o tropezaba más de una vez por pura esencia de ser humano. Y como las piedras no sienten o se supone que no deberían sentir Manoli no sintió toda esa soledad o tristeza de peñasco, ni la nostalgia de surcar los cielos en alguna guerra antigua lanzada por una catapulta.
Manoli no sería la primera piedra de ningún edificio emblemático bajo la que guardar objetos simbólicos y representativos de los simposiums y bailes de disfraces que ahí se celebrarían. No será piedra angular, ni piedra pomez que rasque la planta de tus pies. No será la primera piedra que osen lanzar los que estén libres de culpa. Y seguro hubiera ser querido piedrita en tu riñón.
Pero a lomos de una montaña surca Manoli la tierra que la vió nacer. Convirtiendose en polvo por la erosión orográfica y aguardando con toda su paciencia de piedra que estalle el mundo y salga disparada a surcar el cosmos para ser meteorito que cae des del cielo en algun lejano planeta interestelar donde Manoli, por fin, pudiera ser feliz.

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viernes, mayo 25, 2007

La firma del olvido.

Era el abajofirmante de gran parte de la literatura universal y de miles de frases célebres además de casi todas las amenazas de muerte o notas de secuestro. Y, aun a pesar de eso, a Anónimo no le conocía nadie.
No le pedían autógrafos por la calle, ni se subastaban mechones de su pelo por cantidades astronómicas de dinero. Anónimo no salía en el diario, ni le invitaban a café en cualquier bar. No tenía un club de fans, ni escribían canciones inspiradas en su biografía. No le hacían los paparazzis fotos con zoom bañandose en la playa. Tampoco nadie le pondría su nombre de pila al primogenito en su honor.
No cr